Surgió como surgen las peores pesadillas...
De golpe!
Sin aviso. Sin margen de preparacíón. Sin tiempo para cobijarse
Arrasando
Cuando los nativos de la isla africana lo vieron quedaron petrificados. Sin poder de reacción, se les echó encima. Los resoplidos que acompañaban al monstruo eran aterradores.
Engulló las canoas sin esfuerzo alguno. No quedó vivo ninguno de los nativos
Desde la playa, mujeres y niños, lloraban con miedo y con rabia la pérdida de sus hombres pero el gigante aún no satisfecho les mandó una serie de enormes olas que llegaron al poblado ahogando a la mitad de la tribu.
Despues, continuó viaje buscando nuevas víctimas
El patrón de costa del pesquero gallego hacía guardia de noche mientras la tripulación dormía tras un día duro de pesca. Tres lances con luz y otro al llegar la noche habían dejado a todos eshaustos. Menos mal que los lances habían sido productivos y con abundante pesca. Positivo para los intereses económicos pero más duro para la gente que tenía que trabajar en el parque de pesca para meterlo en las cámaras frigoríficas. Con todo, ya de estar en el mar, que la pesca mereciese la pena.
Mar en calma y buena visibilidad. La Cruz del Sur sobresalía en un cielo de sopa de estrellas.
Medio amodorrado comenzó a escuchar un murmullo sordo y lejano.
Bajó el volumen de Radio Intercontinental.
El rumor se volvía más cercano y fuerte.
Salió al alerón buscando algún avión o algo parecido. Nada!. Subió a la magistral y entonces lo vió. Ni en las fantasías más extremas podía pensar que algo así existiera. Una masa, posiblemente en forma de serpiente marina, se deslizaba abriendo surcos de mar que se convertían en camino de luces por la fosforescencia. El espectáculo era grandioso. Lo malo era que se les echaba encima.
Reaccionó rápido tocando la campana para casos de niebla. Batió con fuerza, con golpes seguidos, a arrebato.
Agotada, la gente empezó a salir a cubierta mientras el patrón de pesca subía a su altura.
No hizo falta hablar. Los ojos de todos convergieron en aquella enorme bestian que pretendía engullirlos.
Con rapidez mandaron "avante toda" y la arrancada de la héliz fue inmediata.
Se dieron cuenta de que ya nada podría salvarlos cuando aquella monstruosa mole les tragó como la ballena a Jonás.
No quedó ni un resto sobre el mar.
Amanecía en el Atlántico Sur. Desde lo alto, a vista de pájaro, alguien podría observar como aquel monstruo de acero cargado de crudo apuntaba al norte con su enorme roda hambienta.
el marino que perdió el mar
viernes, 16 de noviembre de 2012
lunes, 12 de noviembre de 2012
Le llamábamos Pendulito
Le llamábamos Pendulito.
Varios amigos de la misma ciudad ingresamos en la Escuela Superior de Marina Civl, antes Escuela de Náutica.
El también,
No se si se podría negar su ingreso en la carrera por su defecto o enfermedad pero lo cierto es que estudió como el resto y salió a navegar.
Padecía algún tipo de transtorno que le hacía mover el tronco en sentido lateral. Oscilaba de forma contínua. Nosotros, jodidos estudiantes y compañeros, tomábamos el número de oscilaciones por minuto y casi siempre eran las mismas.
Nunca supimos si de noche también se movía pero nunca pudimos imaginar como capearía un temporal. Acompasaría su vaivén al ritmo de los balances cuando hubiese oleage? Y se el movimiento del mar era más ràpido que el suyo? Y si, al revés, el suyo superara el del mar o hubiese cabeceo en vez de balance?.
Cómo haría el amor. Podría acompañar los movimientos de arriba hacia abajo con los propios de su balanceo?.
Bailando lento no tendría problema pero como bailaría el rock?.
Que haría si jugaba a algo, al tenis por ejemplo. Le venía la pelota por un lado y a él le coincidía el balance por el otro. Cómo reaccionaría?
Son preguntas que siempre quedarán ahí.
No volví a saber de Pendulito pero lo imagino en el puente de mando haciendo la guardia, balanceandose sin parar.
Seguro que ese transtorno obedece a unas causas y tiene algún nombre extraño en medicina. No se que limitaciones acarrea ese movimiento contínuo, lo único que se, que él, callaba ante nuestras pcurrencias y nunca replicaba. Por padecerlo desde niño, porque era de una pasta especial, lo cierto es que nunca lo vimos cabreado. >br>
Cuando paseo por la ciudad y veo a lo lejos un peatón andando de forma extraña espero encontrar a Pendulito, preguntarle como le fue y pedirle disculpas con carácter retroactivo.
Varios amigos de la misma ciudad ingresamos en la Escuela Superior de Marina Civl, antes Escuela de Náutica.
El también,
No se si se podría negar su ingreso en la carrera por su defecto o enfermedad pero lo cierto es que estudió como el resto y salió a navegar.
Padecía algún tipo de transtorno que le hacía mover el tronco en sentido lateral. Oscilaba de forma contínua. Nosotros, jodidos estudiantes y compañeros, tomábamos el número de oscilaciones por minuto y casi siempre eran las mismas.
Nunca supimos si de noche también se movía pero nunca pudimos imaginar como capearía un temporal. Acompasaría su vaivén al ritmo de los balances cuando hubiese oleage? Y se el movimiento del mar era más ràpido que el suyo? Y si, al revés, el suyo superara el del mar o hubiese cabeceo en vez de balance?.
Cómo haría el amor. Podría acompañar los movimientos de arriba hacia abajo con los propios de su balanceo?.
Bailando lento no tendría problema pero como bailaría el rock?.
Que haría si jugaba a algo, al tenis por ejemplo. Le venía la pelota por un lado y a él le coincidía el balance por el otro. Cómo reaccionaría?
Son preguntas que siempre quedarán ahí.
No volví a saber de Pendulito pero lo imagino en el puente de mando haciendo la guardia, balanceandose sin parar.
Seguro que ese transtorno obedece a unas causas y tiene algún nombre extraño en medicina. No se que limitaciones acarrea ese movimiento contínuo, lo único que se, que él, callaba ante nuestras pcurrencias y nunca replicaba. Por padecerlo desde niño, porque era de una pasta especial, lo cierto es que nunca lo vimos cabreado. >br>
Cuando paseo por la ciudad y veo a lo lejos un peatón andando de forma extraña espero encontrar a Pendulito, preguntarle como le fue y pedirle disculpas con carácter retroactivo.
martes, 6 de noviembre de 2012
Invierno...
Invierno...
Invierno frente a la Costa da Morte
revindico
la memoria de los náufragos,
no sus riquezas,
menudencias,
en su nombre quisiera rescatar
vivencias y viajes
que nunca fueron conocidos
porque no hubo arribada
revindico
los cuerpos de los náufragos,
no sus espíritus
Invierno frente a la Costa da Morte
revindico
la memoria de los náufragos,
no sus riquezas,
menudencias,
en su nombre quisiera rescatar
vivencias y viajes
que nunca fueron conocidos
porque no hubo arribada
revindico
los cuerpos de los náufragos,
no sus espíritus
viernes, 2 de noviembre de 2012
Viajar...
Viajar...
Puedo asegurar que una de las razones que me movieron para escoger la que luego sería mi carrera, navegar como marino, fue el viajar...
Creo, a mí me sucedió, que lo que mueve al viajero es la curiosidad, por conocer el mundo pero también por conocerse a uno mismo en latitudes, situaciones y con personas diferentes.
"Viajamos porque queremos abrirnos a otras vidas, pero también para ponernos a prueba". (Gustavo Martín Garzo)
Personalmente el viaje lo identifiqué con la aventura. Y el momento más importante, el más excitante siempre el inmediatamente anterior al viaje. De hecho debo tomar algún calmante cuando preparo equipaje, itinerario y todo lo que implica el viaje.
Abrirnos a lo que pueda surgir. Dejar pasar las cosas y ser parte de ellas, no por el hecho de dejar huella o modificar la historia sino por dejarse envolver por el viaje-aventura.
Mi primer embarque en flota extranjera fue en un "tramp", barco que recoge carga diversa y navega hacia puertos indeterminados. Salir de Italia para Brasil, de La India hacia Alemania... siempre deseando conocer el próximo destino dependiendo de quien comprara los servicios de barco y tripulación.
Yo escribí en unos Duiarios de Navegación mis experiencias. Acaban de ser publicadas aunque aún no las leí. Si alguién decide conocerlas puede hacerlo a través de Amazón, con el título de "Imitando a Ulyses- Diarios de Navegación.
Estoy de acuerdo con la idea de Martín Garzo en que el viaje y la lectura tienen trayectos paralelos. Dejarse ir.., abandonarse..., sirve para ambos. El no conocer el destino exacto puede ser el equivalente a no conocer el desenlace de un relato.
El mundo se hace pequeño. Pensar que hoy se puede dar la vuelta al planeta en horas pierde romanticismo. Menos mal que aún se puede paliar esta limitación pensando en que existen lugares, aunque pueden ser pequeños que pueden ser un mundo, que merecen una atención especial, que tiene gancho por detalles concretos e impensables.
Personalmente puedo recordar una travesía por Picos de Europa quedando atrapados varios días en el refugio de Vega Redonda. Toda una aventura y muy próxima. También el pavor que pasé en el "paraíso terrenal" bíblico, desembocadura del Tigris y Éufrates cuando fuimos abordados por piratas.
Cuando viajamos, por lo menos a mi me pasa, soñamos con lo insospechado, con algo que nos sorprenda e que incluso nos cambie la vida.
La última parte de la aventura, para algunos importante, es poder contar lo viajado y conocido cuando nos erigimos en el personaje de la historia al contarla desde nosotros, con nuestra visión de lo que fue, realidad o fantasía o ambas al tiempo.
De niño, en la cama, conmigo mismo, soñaba en ser corresponsal en un país exótico, misionero o marino.
Me convertí en marino mercante. Viajé y soñé.
Puedo asegurar que una de las razones que me movieron para escoger la que luego sería mi carrera, navegar como marino, fue el viajar...
Creo, a mí me sucedió, que lo que mueve al viajero es la curiosidad, por conocer el mundo pero también por conocerse a uno mismo en latitudes, situaciones y con personas diferentes.
"Viajamos porque queremos abrirnos a otras vidas, pero también para ponernos a prueba". (Gustavo Martín Garzo)
Personalmente el viaje lo identifiqué con la aventura. Y el momento más importante, el más excitante siempre el inmediatamente anterior al viaje. De hecho debo tomar algún calmante cuando preparo equipaje, itinerario y todo lo que implica el viaje.
Abrirnos a lo que pueda surgir. Dejar pasar las cosas y ser parte de ellas, no por el hecho de dejar huella o modificar la historia sino por dejarse envolver por el viaje-aventura.
Mi primer embarque en flota extranjera fue en un "tramp", barco que recoge carga diversa y navega hacia puertos indeterminados. Salir de Italia para Brasil, de La India hacia Alemania... siempre deseando conocer el próximo destino dependiendo de quien comprara los servicios de barco y tripulación.
Yo escribí en unos Duiarios de Navegación mis experiencias. Acaban de ser publicadas aunque aún no las leí. Si alguién decide conocerlas puede hacerlo a través de Amazón, con el título de "Imitando a Ulyses- Diarios de Navegación.
Estoy de acuerdo con la idea de Martín Garzo en que el viaje y la lectura tienen trayectos paralelos. Dejarse ir.., abandonarse..., sirve para ambos. El no conocer el destino exacto puede ser el equivalente a no conocer el desenlace de un relato.
El mundo se hace pequeño. Pensar que hoy se puede dar la vuelta al planeta en horas pierde romanticismo. Menos mal que aún se puede paliar esta limitación pensando en que existen lugares, aunque pueden ser pequeños que pueden ser un mundo, que merecen una atención especial, que tiene gancho por detalles concretos e impensables.
Personalmente puedo recordar una travesía por Picos de Europa quedando atrapados varios días en el refugio de Vega Redonda. Toda una aventura y muy próxima. También el pavor que pasé en el "paraíso terrenal" bíblico, desembocadura del Tigris y Éufrates cuando fuimos abordados por piratas.
Cuando viajamos, por lo menos a mi me pasa, soñamos con lo insospechado, con algo que nos sorprenda e que incluso nos cambie la vida.
La última parte de la aventura, para algunos importante, es poder contar lo viajado y conocido cuando nos erigimos en el personaje de la historia al contarla desde nosotros, con nuestra visión de lo que fue, realidad o fantasía o ambas al tiempo.
De niño, en la cama, conmigo mismo, soñaba en ser corresponsal en un país exótico, misionero o marino.
Me convertí en marino mercante. Viajé y soñé.
miércoles, 31 de octubre de 2012
Lisboa
Lisboa
"... Cuando por fin cerramos la página desde donde hemos leído las líneas de la ciudad, descubrimos que el ventanal del café está empañado por un torbellino de gaviotas y que el Tajo se ha hecho invisible. Que ha desaparecido tras un remolino de alas y ya no es el río que anuncia el océano. Y es en esta momento cuando, tierna y confiadamente, nos sentimos aún más anclados en la ciudad que nos ha visto partir...".
Palabras con las que José Cardoso Pires despedía "Lisboa - Diario de a bordo"
Conocí Lisboa
Conocí a José
Si alguién supo cantar a su ciudad creo que fue él
Conocía cada rincón, cada personaje, cada reflejo de una ciudad bellísima, decadente, bellísima
Pasé unos años en tertulia con algunos de sus más renombrados juglares. Eran críticos con su país y su cultura pero eran magníficos senadores de las letras universales.
Viví en la Lisboa vieja, mismo pegado ao castelo de San Jorge, con vecinos amables que aparecían cuando terminaban su visita las hordas de turistas.
José bebía mucho whisky y hablaba mucho y bien. Tenía ese don que a algunos le fue dado de poder entusiasmar a un auditorio y mantenerlo expectante cualquiera que fuese el tiempo que empleara.
Cuando hablaba de la luz de Lisboa lo hacía de forma tan gráfica y fácil que cualquier ciego podía reproducir colores y sensaciones.
El día que murió, el Tajo, al aterdecer, quiso sumarse al luto. Los barcos callaron su voces y la puesta de sol fue añil. La Torre de Belén ondeó con sus almenas a media asta y los fadistas, todos, derramaron una lágrima con su primer verso.
Invitado en su casa pasé una noche entera escuchando a un semidios vestido de lisboeta del montón pero su áurea lo delataba.
En sus siglos de vida Lisboa ha tenido muchos gentilhombres que la honraron cantándola, pero yo, pobre mortal, quedé enganchado a la prosa de quien un día regresó del más allá, "de profundis" para seguir enseñándonos a escribir y hablar o lo que es lo mismo a vivir
"... Cuando por fin cerramos la página desde donde hemos leído las líneas de la ciudad, descubrimos que el ventanal del café está empañado por un torbellino de gaviotas y que el Tajo se ha hecho invisible. Que ha desaparecido tras un remolino de alas y ya no es el río que anuncia el océano. Y es en esta momento cuando, tierna y confiadamente, nos sentimos aún más anclados en la ciudad que nos ha visto partir...".
Palabras con las que José Cardoso Pires despedía "Lisboa - Diario de a bordo"
Conocí Lisboa
Conocí a José
Si alguién supo cantar a su ciudad creo que fue él
Conocía cada rincón, cada personaje, cada reflejo de una ciudad bellísima, decadente, bellísima
Pasé unos años en tertulia con algunos de sus más renombrados juglares. Eran críticos con su país y su cultura pero eran magníficos senadores de las letras universales.
Viví en la Lisboa vieja, mismo pegado ao castelo de San Jorge, con vecinos amables que aparecían cuando terminaban su visita las hordas de turistas.
José bebía mucho whisky y hablaba mucho y bien. Tenía ese don que a algunos le fue dado de poder entusiasmar a un auditorio y mantenerlo expectante cualquiera que fuese el tiempo que empleara.
Cuando hablaba de la luz de Lisboa lo hacía de forma tan gráfica y fácil que cualquier ciego podía reproducir colores y sensaciones.
El día que murió, el Tajo, al aterdecer, quiso sumarse al luto. Los barcos callaron su voces y la puesta de sol fue añil. La Torre de Belén ondeó con sus almenas a media asta y los fadistas, todos, derramaron una lágrima con su primer verso.
Invitado en su casa pasé una noche entera escuchando a un semidios vestido de lisboeta del montón pero su áurea lo delataba.
En sus siglos de vida Lisboa ha tenido muchos gentilhombres que la honraron cantándola, pero yo, pobre mortal, quedé enganchado a la prosa de quien un día regresó del más allá, "de profundis" para seguir enseñándonos a escribir y hablar o lo que es lo mismo a vivir
domingo, 28 de octubre de 2012
... de un viejo poeta portugués...
... de un viejo poeta portugués...
el paso del tiempo...
la tierra ...
de Eugenio de Andrade "Vastos campos"
" Vou fazer-te uma confidência, talvez tenha já começado a envelhecer e o desejo, esse câo, ladra-me agora menos á porta. Nunca precisei de frequentar curandeiros da alma para saber como sâo vastos os campos do delirio. Agora vou sentar-me no jardim, estou cansado, setembro foi mês de venenosas claridades, mas esta noite, para minha alegria, a terra vai arder comigo. Até ao fim. "
Y llegó el fin del día.
Para el poeta
para el día
para mi.
el paso del tiempo...
la tierra ...
de Eugenio de Andrade "Vastos campos"
" Vou fazer-te uma confidência, talvez tenha já começado a envelhecer e o desejo, esse câo, ladra-me agora menos á porta. Nunca precisei de frequentar curandeiros da alma para saber como sâo vastos os campos do delirio. Agora vou sentar-me no jardim, estou cansado, setembro foi mês de venenosas claridades, mas esta noite, para minha alegria, a terra vai arder comigo. Até ao fim. "
Y llegó el fin del día.
Para el poeta
para el día
para mi.
sábado, 27 de octubre de 2012
Quisiera...
Quisiera...
Quisiera gritar...
Quisiera gritar y no puedo...
¡Dios!
¡Qué pasa!
¡Qué me pasa!
Solo tu...
Solo tu puedes ayudarme
¿Puedes?
Si no quieres que sufra...
Que sufra hasta el final...
¡Ayúdame!
Quisiera gritar...
Quisiera gritar y no puedo...
¡Dios!
¡Qué pasa!
¡Qué me pasa!
Solo tu...
Solo tu puedes ayudarme
¿Puedes?
Si no quieres que sufra...
Que sufra hasta el final...
¡Ayúdame!
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